PARÍS.- La incorporación al Gobierno francés de Manuel Valls ha
enturbiado las relaciones entre la oposición de izquierdas y el primer
ministro, François Bayrou. A pesar de que el político franco-español
militó durante 37 años en el Partido Socialista y ejerció como primer
ministro durante la presidencia de François Hollande (2012-17), se trata
de una personalidad que genera urticaria en las filas de las
formaciones progresistas, inclusive la socialista.
No le perdonan sus
traiciones y vaivenes entre Francia y España, donde encabezó la lista de
Ciudadanos en Barcelona en las municipales de 2019. También les molesta
su derechización en los últimos años, en que criticó con dureza la
frágil alianza entre los socialdemócratas y la Francia Insumisa (afines a
Sumar o Podemos).
«Valls representa el fracaso y la traición», denunció el
diputado socialista Arthur Delaporte en una entrevista radiofónica del
martes, el día después de que anunciaran los ministros del primer
Gobierno del binomio Bayrou y el presidente, Emmanuel Macron.
«Esperábamos la noche de Navidad y tuvimos la de los muertos vivientes.
¡Es Halloween!», dijo el secretario general del PS, Olivier Faure, en
otra intervención para la emisora de radio RMC. «No han respetado
ninguna de las condiciones del pacto de no censura propuesto por la
izquierda a Bayrou», añadió.
Entre esas «condiciones», mencionó la
negativa a utilizar el polémico decreto del 49.3, «un cambio en la
orientación» de las políticas y «dejar de depender de la extrema
derecha».
Tras la moción de censura del 4 de diciembre contra el
conservador Michel Barnier –la primera que culmina con la destitución de
un primer ministro desde 1962–, el PS se desmarcó de sus aliados
(insumisos, verdes y comunistas) del Frente Popular.
Abrió, de hecho, la
puerta a un acuerdo de no agresión con el veterano dirigente centrista.
Sin embargo, las reuniones de la semana pasada con Bayrou no aportaron
ningún avance. Y el nombramiento de Valls como ministro de Ultramar,
junto con los de otros dirigentes (Gérald Darmanin, Bruno Retailleau…)
que no gustan en las filas de la izquierda, alejó aún más las
respectivas posiciones.
«Si no hay ningún cambio de dirección, apostaremos por la
censura», advirtió Faure. Bayrou, que pronunciará su discurso de
política general el 14 de enero, ya explicó esta semana que no se
someterá al voto de investidura.
A diferencia de España, en el caso de
Francia no es obligatorio. No obstante, el grupo de los insumisos
anunció que presentará una nueva moción de censura contra el líder del
MoDem, uno de los tres partidos que componen la alianza macronista.
Si las otras formaciones del Frente Popular –el primer
bloque en número de diputados en una muy fragmentada Asamblea Nacional–
apoyan ese texto, eso abocará al primer ministro a una situación igual
de inestable que su antecesor. De hecho, dependerá de los humores de la
imprevisible extrema derecha de Marine Le Pen.
«Con la designación de
Valls como ministro de Ultramar o de François Rebsamen como ministro de
Territorios, (Bayrou) difícilmente logrará convencer de la presencia de
la izquierda en su Gobierno. Estas personalidades tomaron hace tiempo
sus distancias respecto al PS», advierte el diario 'Le Monde' en un
reciente editorial.
La trayectoria en los últimos ocho años del exprimer
ministro lo ha alejado respecto a los que fueron sus compañeros de
partido. Tras abandonar su cargo al frente del Ejecutivo en diciembre de
2016, Valls se presentó en las primarias de los socialistas para ser el
candidato en las presidenciales del año siguiente.
Pero perdió ante el
radical Benoît Hamon. En lugar de apoyar al vencedor, como se había
comprometido por escrito, el político con raíces catalanas respaldó a
Macron, que vencería en esa carrera hacia El Elíseo.
Debido a sus tensas relaciones entonces con el nuevo
presidente –el gabinete del dirigente centrista sospechaba que los
chismorreos sobre su presunta homosexualidad procedían del entorno de
Valls–, el exprimer ministro quedó relegado a un rol muy secundario en
el grupo parlamentario macronista. Eso contribuyó a que emprendiera su
aventura política en España, que generó estupefacción en Francia.
Apenas dos años después de su elección como concejal en
Barcelona, abandonó la Ciudad Condal y regresó a su país en 2021. Desde
entonces, intentó de manera fallida su regreso a la política gala a
través de las urnas. En las elecciones legislativas de 2022 quedó
eliminado desde la primera vuelta en la circunscripción de los franceses
que viven en España, y eso que contaba con el apoyo de la coalición
macronista.
Antes de su regreso al Gobierno, su última tarea consistió
en ejercer de consejero de la monarquía árabe de Baréin. Por un trabajo
de apenas tres días a finales de julio, ganó hasta 30.000 euros, según
el diario de investigación Mediapart.