SANTIAGO.- Los chilenos acuden este domingo a votar en una primera vuelta de las
elecciones presidenciales con hasta ocho candidatos --con la apuesta
del oficialismo Jeannette Jara y el ultraderechista José Antonio Kast
como virtuales oponentes en segunda ronda--, así como para renovar la
Cámara de Diputados y la mitad del Senado.
Las de este domingo
también están marcadas por un aumento del censo, después de que el
Congreso estableciera en 2022 como obligatorio acudir a las urnas. Si en
anteriores comicios se estima que participaron entre siete y ocho
millones de electores, desde que se estableció la nueva norma la cifra
ha superado los trece millones, como muestran las elecciones locales de
2024.
Según la ley electoral, desde hace dos semanas no hay
sondeos en Chile, pero sí debates televisados y diversos actos de
campaña, la cual cerró este jueves con actos multitudinarios, como los
de Jara y Kast, que aprovecharon para defender sus modelos y lanzar
algún que otro ataque a su previsible gran rival en esta primera vuelta,
para la que tienen opciones dos más: Johannes Kaiser y Evelyn Matthei.
La papeleta electoral está repleta de candidatos de la derecha
--algunas tradicionales como la de Matthei y otras como la que
representa el antivacunas Kaiser, que ensalza sin tapujos la dictadura
militar--, algún que otro independiente y entre todos ellos Jara,
exministra de Trabajo hasta abril.
Jara, la
primera militante del Partido Comunista en aspirar a gobernar el país,
encabeza la candidatura Unidad por Chile tras ganar claramente en las
primarias del oficialismo, impulsada por su gestión en el Gobierno de
Gabriel Boric, donde su papel resultó clave para reducir la jornada
laboral a 40 horas semanales.
En esa segunda vuelta que se da
por segura --fijada para el 14 de diciembre--, Jara se toparía con uno
de esos tres candidatos de la derecha antes mencionados, ante los que no
tendría nada que hacer, según las encuestas y el más que previsible
llamamiento entre las derechas a votar por quien sea rival de la
exministra.
A diferencia de Jara, los candidatos de la derecha
no han pasado por primarias, por lo que esta primera ronda se antoja una
suerte de ellas. El mejor situado para la segunda vuelta es Kast, un
viejo conocido en este tipo de lides. Hasta tres veces ha intentado el
ahora candidato del Partido Republicano llegar a La Moneda.
Kast ha apostado en campaña por hablar de economía, lucha contra la
inmigración irregular e inseguridad hasta convertirlo en el eje
principal, obviando los puntos de la llamada guerra cultural que tanto
mermaron sus aspiraciones pasadas. Un guante que sí ha cogido Kaiser,
que aspira a ser el Javier Milei chileno.
Kaiser lidera el
Partido Nacional Libertario, una escisión de la formación de Kast, a
quien llega a reprochar incluso haberse moderado. Se autodefine como
reaccionario, es un entusiasta de las armas y representa una
ultraderecha muy neoliberal en lo económico y conservadora socialmente.
A Matthei, representante del conservadurismo clásico y con apoyos en
el centro, le han penalizado tanto sus deslices --justificó el golpe de
Augusto Pinochet--, como el empuje de Kast y Kaiser, que le han obligado
a defender, por ejemplo, políticas de mano dura contra la inmigración
para no perder votos en la derecha.
Aunque Jara tiene posibilidades de ganar en primera vuelta, por el
contrario cuenta con un escenario mucho menos propicio en diciembre. A
pesar de haber sido uno de los miembros más destacados del gabinete de
Boric, en otra paradoja, haber formado parte de él también le ha mermado
debido al desgasta del Gobierno.
No así las derechas, que han
sabido capitalizar los que han sido los grandes retos, casi desde el
principio, del Gobierno de Boric: la delincuencia, a pesar de ser uno de
los países más seguros de la región, y la inmigración irregular.
En Chile viven de manera irregular unos 337.000 extranjeros, en su
mayoría de Venezuela. La derecha no ha racaneado a la hora de relacionar
este tipo de migración con la delincuencia, para cuya solución proponen
mano dura, una dinámica que se repite en toda la región, rehén de una
histórica y endémica desigualdad.
Kast ha propuesto la
construcción de cárceles de máxima seguridad al estilo Nayib Bukele en
El Salvador, Matthei apuesta por reforzar la presencia de la Policía en
las calles y Kaiser, además de la expulsión masiva de extranjeros, se ha
mostrado partidario de replicar políticas de seguridad como las de
Donald Trump, como el traslado de criminales de otros países condenados a
prisiones fuera de territorio chileno.
Jara también ha hablado
de inversiones millonarias para reforzar la seguridad y las fronteras,
si bien, al igual que el actual Gobierno, apuesta por programas de
integración para extranjeros y ha insistido en apuntar hacia las
finanzas del crimen organizado persiguiendo el blanqueo de capitales.
Estas son las primeras presidenciales en las que entre cinco y seis
millones de chilenos que no solían votar tendrán que hacerlo bajo pena
de multas económicas, que oscilan entre los 30 y los 100 euros, aunque
existen excepciones, como enfermedad o discapacidad acreditada, o estar
fuera del país.
Desde la reforma aprobada por el Congreso en
2022, ha habido cuatro votaciones y fueron trece millones quienes
metieron la papeleta en la urna de los 15,6 millones que están
registrados de manera automática en el censo.
El perfil de este
nuevo votante aún no está claro, aunque imprevisible por su desinterés
en política, derivaría hacia la derecha, según algunos análisis que
apuntan a que resultó clave para tumbar la propuesta constitucional de
Boric y para la clara victoria del partido de Kast en las elecciones al
Consejo Constitucional, el órgano que se encargó de discutir una nueva
propuesta de la Carta Magna.