MUSCATE.- Los países de Oriente Próximo, y más concretamente los del golfo
Pérsico, se han posicionado durante los últimos meses como importantes
actores de mediación en diversos conflictos internacionales, acogiendo
reuniones destinadas a hacer avanzar la vía diplomática en asuntos como
la invasión de Ucrania, el conflicto en República Democrática del Congo
(RDC) o las conversaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el programa
nuclear de Teherán.
El creciente papel en esta esfera por
parte de varios países del Golfo durante los últimos años es una muestra
del peso de estos Estados y del avance hacia un mundo multipolar en el
que otros mediadores tradicionales, entre ellos los países europeos, han
ido perdiendo protagonismo, en parte por la percepción de algunos
actores sobre su posible implicación o sesgo en dichos procesos de paz.
Así, Qatar ha sido uno de los países más activos, empezando por su
mediación en el breve conflicto en Líbano en 2008 tras más de un año de
crisis política y al acoger las conversaciones entre Estados Unidos y
los talibán que derivaron a un histórico acuerdo de paz en 2020 que,
finalmente, allanó el camino para la vuelta al poder de los
fundamentalistas menos de un año y medio después.
Doha, además,
ha jugado un importante papel durante años al acoger oficinas del
Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) para contactos indirectos con
Israel y Estados Unidos, una situación que saltó por los aires con los
ataques del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva israelí contra
Gaza, que abrió una nueva etapa de conflicto activo en Oriente Próximo.
Dicho conflicto, en el marco del cual Israel llevó a cabo ataques
contra Líbano, Siria y Yemen, implicó directamente a Qatar cuando el
Ejército israelí decidió bombardear una reunión de una delegación de
Hamás en Doha, matando a varias personas y provocando importantes
tensiones con Estados Unidos debido a sus firmes lazos con ambos países.
Qatar era en ese momento, junto a Egipto y Estados Unidos, uno de los
mediadores en las conversaciones para un alto el fuego, ahora en vigor
desde octubre de 2025 tras el acuerdo entre Israel y Hamás para poner en
marcha la propuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, para
el futuro del enclave, aún en sus primeros pasos.
Por su parte,
Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha sido durante las últimas semanas la
sede de dos rondas de contactos trilaterales entre Ucrania, Rusia y
Estados Unidos, en medio del proceso diplomático impulsado por
Washington para intentar poner fin a la invasión rusa, desatada en
febrero de 2022 por orden del presidente del país, Vladimir Putin.
Los contactos, que no han logrado avances en el plano político, han
sido sin embargo descritos como "constructivos" por Moscú y Kiev, que en
la última ronda alcanzaron además un acuerdo para un intercambio de más
de 300 presos, el primero en cinco meses, y sirvieron para generar algo
de confianza entre las partes, que tienen previsto reunirse de nuevo la
semana que viene en la ciudad suiza de Ginebra.
Previamente,
EAU había dado un paso al frente por su papel en el histórico acuerdo de
paz entre Etiopía y Eritrea en 2018 y al facilitar varios intercambios
de prisioneros previos entre Ucrania y Rusia, si bien su implicación en
el conflicto en Sudán ha supuesto sin embargo un obstáculo para los
esfuerzos para resolver este conflicto, mientras que su acuerdo con
Israel para normalizar relaciones es visto con suspicacia por otros
países de Oriente Próximo.
Uno de los
mediadores en el conflicto en Sudán es Arabia Saudí, que en el pasado
acogió conversaciones entre las autoridades de Sudán y las paramilitares
Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) para intentar avanzar hacia una
resolución pacífica, si bien estos esfuerzos no se tradujeron en avances
concretos sobre el terreno en el país, sumido en una enorme crisis
humanitaria.
Riad ha jugado además un papel en los esfuerzos
para lograr un acuerdo palestino-israelí y a la hora de intentar acercar
posiciones entre Estados Unidos e Irán para resolver las tensiones en
torno al programa nuclear iraní, que llegaron a su culmen con la
ofensiva militar de Israel en junio de 2025, a la que se sumó Washington
con sus bombardeos contra tres instalaciones nucleares en el país
asiático.
Arabia Saudí, firme aliado de Estados Unidos,
normalizó sus relaciones con Teherán en 2023 --en un proceso mediado por
China--, y durante las últimas semanas ha pedido a ambas partes --junto
a países como Qatar, EAU, Turquía y Pakistán-- que opten por la vía
diplomática, ante las amenazas de Trump sobre una posible ofensiva
militar, que amenazaría con un nuevo conflicto en Oriente Próximo.
Dichos contactos se retomaron la semana pasada en Omán, otro país
mediador clave en la región, especialmente en lo relativo al programa
nuclear iraní. Mascate ya acogió las conversaciones que dieron
finalmente a luz el acuerdo de 2015, conocido oficialmente como Plan de
Acción Integral Conjunto (PAIC) y respaldado por el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas.
La retirada unilateral de Estados Unidos
del acuerdo en 2018, durante el primer mandato de Trump, derivó en un
deterioro de la situación y en la decisión de Irán de reducir el
cumplimiento de sus compromisos por la decisión de Washington y la falta
de medidas compensatorias por parte del E3 --Francia, Reino Unido y
Alemania--, llevando la situación a su punto más bajo en más de una
década.
Los esfuerzos diplomáticos por reconducir la situación
se retomaron el año pasado en Omán, si bien la decisión de Israel de
lanzar su ofensiva --que dejó más de 1.100 muertos en Irán-- en plenos
contactos, concretamente días antes de la sexta ronda de negociaciones,
dio al traste con el proceso y ha provocado fuertes suspicacias en las
autoridades de Irán sobre la credibilidad de los llamamientos al diálogo
desde Estados Unidos.
De esta
forma la región del golfo Pérsico se está estableciendo como un punto
importante en el tablero diplomático internacional, aprovechando por una
parte el hecho de que Oriente Próximo es una zona de conflicto que
requiere de estos contactos y la cada vez mayor percepción de que se
trata de potencias medias que pueden jugar un papel relevante en la
solución de los mismos.
Así, Nickolay Mladenov, recientemente
nombrado como Alto Representante para Gaza en el marco de la propuesta
de Trump para la Franja, explicaba en 2024 en un artículo en el 'think
tank' Washington Institute que "el estilo de mediación" de estos países
habría ayudado además a su posicionamiento en este sentido.
"Las potencias tradicionales en mediación, como Estados Unidos y las
naciones europeas, a veces consideran que sus métodos, de eficacia
probada, no se adaptan a las particularidades de los nuevos conflictos,
profundamente arraigados en los contextos locales y las dinámicas de
poder regionales", sostuvo.
"Su enfoque de mediación, que a
menudo se basa en procesos formales, estructurados y legalistas, podría
requerir mayor flexibilidad para adaptarse a la naturaleza fluida y
dinámica de estos conflictos", dijo Mladenov, quien resaltó que "el
historial de participación política, económica y militar en regiones en
conflicto, que puede generar una percepción de parcialidad o intereses
creados, dificulta cada vez más que algunos países sean vistos como
mediadores neutrales e imparciales".
Sin embargo, estos países
hacen ahora frente al desafío de poder acoger con éxito estos procesos
de mediación, con garantías para las partes implicadas, y lograr
acuerdos que sean sostenibles en el tiempo para consolidar el golfo
Pérsico como el nuevo escaparate central de la diplomacia internacional,
lo que permitiría además mejorar su imagen a nivel internacional.