El texto apuesta por «reforzar el papel de la demanda interna como motor principal del crecimiento»,
uno de los retos más urgentes de la economía china tras años de débil
consumo, según diversos expertos.
El plan dedica un amplio espacio a la
expansión de la demanda interna como pilar del crecimiento económico,
en un intento de corregir uno de los desequilibrios estructurales de la
economía china, tradicionalmente dependiente de la inversión y las
exportaciones.
Entre las medidas contempladas figuran iniciativas para
estimular el consumo de los hogares, mejorar los ingresos disponibles y
reforzar los servicios públicos.
En ese contexto, el documento sugiere ampliar ciertos programas de
gasto social y reforzar el sistema de protección, una vía que algunos
economistas consideran clave para impulsar el consumo en el país, que
muestra altas tasas de ahorro ante la falta de una red de seguridad social.
Sin embargo, las autoridades chinas han mostrado históricamente
cautela ante un aumento excesivo del gasto asistencial, al considerar
que podría fomentar una cultura de dependencia, una preocupación que el
propio presidente, Xi Jinping,
ha vinculado en ocasiones con el riesgo de «asistencialismo».
Las
directrices también abogan por «medidas extraordinarias» para lograr
avances «decisivos» en sectores como los circuitos integrados, el 'software' industrial y «materiales avanzados», en un momento de rivalidad tecnológica con Estados Unidos.
Según el Asia Society Policy Institute, el nuevo plan quinquenal
apunta a institucionalizar «un modelo de crecimiento guiado por el
Estado y centrado en la soberanía tecnológica, la seguridad estratégica y
un reajuste paulatino de la economía».
No en vano, el documento se
aprueba en un contexto internacional que, según las autoridades chinas,
ha experimentado «cambios profundos y complejos», en referencia a
tensiones comerciales y tecnológicas con Washington y a un entorno geopolítico convulso, agravado en las últimas semanas por la guerra contra Irán y su impacto en Oriente Medio.
En el ámbito de la inteligencia artificial
(IA), el documento plantea «fortalecer la combinación de la IA con la
innovación científica y tecnológica» y «con la garantía del sustento de
las personas», así como «aprovechar la posición dominante en las aplicaciones industriales de IA», en el marco del rápido desarrollo de esta tecnología en el gigante asiático, protagonizado por empresas como DeepSeek, ByteDance o Tencent.
El plan aborda también el reto demográfico del país, cuya población
encadena ya varios años de reducción: se establece como meta prioritaria
«optimizar las políticas de apoyo a la natalidad y las medidas de incentivo»
para «reducir de manera efectiva los costes del nacimiento, la crianza y
la educación de los hijos», ante los altos costes que implica tener
descendencia en China, una de las principales quejas de las parejas.
Durante la apertura de la sesión del Legislativo la semana pasada, el
Gobierno fijó para 2026 un objetivo de crecimiento económico de «entre
el 4,5 % y el 5 %», por debajo del de «en torno a un 5 %» establecido en
los tres años anteriores y el más bajo desde 1991.
Pekín también
mantuvo por segundo año consecutivo su meta de déficit fiscal en el 4 % del producto interior bruto con el objetivo de sostener la recuperación económica, lastrada
por la prolongada crisis del sector inmobiliario, la debilidad del
consumo doméstico, el aumento del desempleo juvenil, el rápido
envejecimiento de la población y el riesgo de presiones deflacionarias.