GINEBRA/MADRID.- La lucha contra el hambre ha dado un paso atrás a nivel global tras casi dos décadas de avances, según se desprende del informe 'Global Hunger Index 2026' (GHI), que sitúa el índice mundial en 18,1 puntos, frente a los 17,6 registrados en 2018, y alerta de que un total de 44 países presentan actualmente niveles graves o alarmantes de desnutrición e inseguridad alimentaria.
El estudio, publicado en español por la ONG Ayuda en Acción, ha sido elaborado de forma conjunta por las organizaciones Welthungerhilfe, Concern Worldwide y el Instituto de Derecho Internacional de la Paz y de los Conflictos Armados (IFHV), entidades integradas en la red europea Alliance2015, de la que también forma parte Ayuda en Acción.
Según refleja el documento, la situación ha empeorado en 32 países desde 2018 y, de mantenerse el ritmo de evolución actual, al menos 57 naciones no lograrán alcanzar siquiera un nivel bajo de hambre para el año 2030.
Bajo el lema 'No hay seguridad sin seguridad alimentaria', la edición de este año ha puesto el foco en la relación entre los conflictos armados, la inestabilidad y el hambre.
Al respecto, la integrante del equipo de Relaciones Institucionales de Ayuda en Acción, Pilar Lara, ha señalado que las contiendas "destruyen cultivos e infraestructuras, interrumpen mercados, provocan desplazamientos y hacen que miles de familias pierdan sus fuentes de ingresos", unas consecuencias cuya huella sobre la alimentación se mantiene durante años incluso tras el cese de la violencia.
A esta problemática se ha sumado un retroceso en los recursos económicos disponibles, ya que la financiación humanitaria y de desarrollo destinada a los sectores alimentarios en contextos de crisis ha caído a niveles comparables a los de 2016 y 2017, según el estudio.
Según el GHI, esta falta de fondos resulta especialmente crítica en África subsahariana, la región con los niveles más elevados del mundo tras alcanzar una puntuación de 27,5 puntos --considerada grave-- y concentrar cuatro de las seis mayores crisis alimentarias causadas por guerras o disputas armadas: Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán y Sudán del Sur.
Pese al deterioro general, los autores del informe han recalcado que las políticas globales contra la desnutrición han demostrado su eficacia cuando existe una inversión continuada.
Como ejemplo de ello, la publicación cita el caso de Mozambique, país que ha conseguido reducir sus niveles de hambre de una categoría alarmante a una grave desde el año 2000, aunque los avances conviven con situaciones complejas como la de la provincia de Cabo Delgado, donde nueve años de conflicto han generado desplazamientos continuados y graves dificultades de acceso a servicios básicos para la población.
Entre los testimonios recogidos es el de Bela, una joven de 23 años y madre de cuatro hijos que tuvo que huir de su hogar a causa del conflicto armado y que, tras atravesar un período de gran precariedad, ha podido acceder a una vivienda e iniciar un pequeño negocio de venta de carbón con el apoyo de Ayuda en Acción.
La entidad ha remarcado que la lucha contra la falta de alimentos "no consiste únicamente en garantizar alimentos durante una emergencia, sino también en que las personas puedan recuperar los medios que les permiten acceder a ellos de manera estable".
"Los datos muestran que reducir el hambre es posible, pero también que los avances no son irreversibles. Cuando un conflicto obliga a una familia a abandonar su hogar, muchas veces pierde también su fuente de ingresos y la posibilidad de producir o comprar alimentos. La respuesta no puede limitarse al momento de la emergencia: necesitamos que las personas puedan reconstruir sus medios de vida y recuperar su autonomía", ha añadido Lara.
En esta línea, Ayuda en Acción ha insistido en que la respuesta internacional debe ser integral mediante la inversión en agricultura sostenible adaptada al cambio climático, la protección social y el fortalecimiento de las capacidades locales frente a futuras crisis.
"Los avances registrados durante las últimas décadas demuestran que ese esfuerzo tiene resultados. A pesar del deterioro global, 31 países han reducido su puntuación en el índice en más de un 10 % desde 2018. El reto ahora es evitar que los conflictos, la crisis climática, los shocks económicos y la caída de la financiación hagan retroceder lo conseguido", ha zanjado la ONG.
Dos de cada tres personas que sufren hambre extrema en el mundo se concentran en diez países
La ONG Acción contra el Hambre ha alertado este miércoles de que dos de cada tres personas que sufren hambre extrema en el mundo se concentran en diez países y ha denunciado la situación especialmente preocupante que se vive en zonas como Malí, Níger y la Franja de Gaza.
"Mientras el mundo produce alimentos suficientes para toda la población, el hambre sigue avanzando allí donde confluyen los conflictos, los desplazamientos forzosos, la pobreza extrema y los recortes de financiación humanitaria", ha advertido la organización en un comunicado de cara al Día Mundial de la Alimentación.
Así, ha denunciado que el hambre se concentra cada vez más en un reducido número de países a pesar de que "responde cada vez más a causas políticas y humanas".
"Guerras prolongadas, desplazamientos masivos, restricciones al acceso humanitario, crisis climáticas recurrentes y sistemas económicos frágiles están dejando a millones de personas atrapadas en crisis que se repiten año tras año", ha afirmado.
En un informe, la ONG ha analizado las crisis alimentarias de Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán, Yemen, Afganistán, Birmania, Bangladesh, Pakistán, Sudán del Sur y Siria, al tiempo que ha señalado tres lugares de especial preocupación: Malí, Níger y Gaza dada la gravedad de sus crisis alimentarias y el elevado riesgo de hambruna.
Los datos muestran además que las crisis alimentarias se están cronificando. Más del 80% de las personas en fase 3 o superior de inseguridad alimentaria aguda vive en 33 países y territorios que aparecen repetidamente en los informes sobre crisis alimentarias.
Además, 1,4 millones de personas llegaron en 2025 a la fase 5, etiquetada como de "catástrofe", el nivel más extremo de inseguridad alimentaria, nueve veces más que las 155.000 registradas en 2016.
Para Acción contra el Hambre, uno de los mensajes más importantes es que el problema "ya no es únicamente producir más alimentos".
"El mundo produce alimentos suficientes, pero millones de personas siguen sin poder acceder a ellos. El hambre es consecuencia de conflictos, pobreza, desigualdad y falta de oportunidades, no de una escasez global de alimentos", ha señalado Manuel Sánchez-Montero, director general de Acción contra el Hambre España.
La organización recuerda además que 2.690 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable, una realidad que demuestra que "el desafío no es solo comer, sino acceder de forma estable a alimentos nutritivos y adecuados".
El informe muestra que detrás de las crisis alimentarias más graves no existe una única causa.
"Los conflictos y desplazamientos se combinan con fenómenos climáticos extremos, epidemias, pérdida de medios de vida, aumento de precios, deterioro de los servicios básicos y dificultades para hacer llegar la ayuda humanitaria", recoge el documento.
"La guerra nos obligó a huir de nuestro hogar y nos dejó sin nada. Algunos días encontramos trabajo, otros no, y a menudo no podemos permitirnos comprar suficiente comida para nuestros hijos", ha explicado Ali Ahmed, un padre desplazado en el campamento de AlSaad, al equipo de Acción contra el Hambre en Yemen.
Los mayores incrementos en el número de personas que sufren inseguridad alimentaria aguda se registraron en Birmania, con 2,3 millones de personas más; República Democrática del Congo, con 2,1 millones; Afganistán, con 1,6 millones; y Yemen, con 1,4 millones. En los cuatro casos, los conflictos, la inestabilidad política y los desplazamientos se encuentran entre los principales factores que agravan el hambre.
La situación es especialmente grave en Sudán. En 2026 se prevé que 33,7 millones de personas necesiten ayuda humanitaria, 3,3 millones más que el año anterior. En Sudán del Sur, que entra por primera vez entre los diez países con mayor número de personas con inseguridad alimentaria aguda, alrededor de 10 millones de personas --más del 80% de su población-- necesitarán ayuda humanitaria durante este año.
No obstante, el informe también identifica algunas mejoras: Nigeria, Sudán, Pakistán y Siria han registrado descensos en el número de personas que sufren inseguridad alimentaria aguda. Bangladesh presenta la mayor reducción, con 7,6 millones de personas menos que en 2024, asociada, entre otros factores, a avances en agricultura adaptada al cambio climático y a una menor dependencia de la ayuda humanitaria.
Sin embargo, Acción contra el Hambre advierte de que estos avances "conviven con una elevada vulnerabilidad ante futuras crisis".
Las consecuencias son especialmente graves para la infancia y las mujeres. En los países analizados, 30 millones de niños y niñas sufren malnutrición aguda y 6,5 millones de mujeres embarazadas y lactantes padecen también malnutrición aguda.
Así, la organización ha subrayado la estrecha relación entre alimentación, agua, saneamiento y salud. Una persona desnutrida tiene menos capacidad para combatir las enfermedades, mientras que las infecciones recurrentes pueden agravar rápidamente su estado nutricional.
Por ello, sigue defendiendo respuestas integrales que combinen nutrición y salud con agua potable, saneamiento y recuperación de los medios de vida.
El aumento y la concentración de las necesidades humanitarias coincide con una reducción de los recursos disponibles para responder a ellas. La ayuda humanitaria destinada a los sectores relacionados con la alimentación en contextos de crisis se redujo cerca de un 60% entre 2022 y 2025, hasta regresar a niveles similares a los de 2016 y 2017. La Ayuda Oficial al Desarrollo mundial cayó, además, un 23% solo en 2025.
"Sobre el terreno, un recorte de financiación no es una cifra abstracta. Se convierte rápidamente en una decisión sobre dónde podemos trabajar, a cuántas personas podemos llegar y qué actividades podemos continuar", ha detallado Sánchez-Montero, que ha advertido de que la reducción de recursos está "obligando a priorizar las intervenciones más urgentes para salvar vidas y a reducir o aplazar programas destinados a evitar que las comunidades vuelvan a caer en la misma situación".
"Salvar vidas hoy es esencial. Pero no es suficiente. Invertir en prevención cuesta menos, llega a más personas y puede evitar que los niños necesiten un tratamiento que les salve la vida mañana", ha añadido.
En 2025, por primera vez desde que comenzó a publicarse el Informe Global sobre Crisis Alimentarias, se confirmaron dos situaciones de hambruna en un mismo año, en zonas de Sudán y Gaza. En ambos casos, el conflicto fue el principal desencadenante, agravado por las restricciones al acceso humanitario, los desplazamientos y la destrucción de medios de vida y servicios esenciales.
Es por ello que desde Acción contra el Hambre piden garantizar el acceso humanitario y la protección de la población civil, reforzar los sistemas de alerta temprana y de información sobre seguridad alimentaria y asegurar una financiación "flexible, predecible, plurianual y multisectorial, que permita no solo responder a las emergencias, sino evitar que estas se conviertan en crisis recurrentes".


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