PARÍS.- La pandemia de coronavirus no podía haber llegado en peor momento. Las
necesidades humanitarias en el mundo han alcanzado en los últimos años
niveles récord, debido principalmente a conflictos cada vez más
enquistados como los de Yemen o Siria pero también a los cada vez más
frecuentes desastres naturales, y de forma paralela los fondos
destinados para hacerlas frente han disminuido. El impacto a todos los
niveles que está teniendo la COVID-19 amenaza con ahondar ambas
tendencias.
Ese es al menos el temor de Médicos Sin Fronteras (MSF) y del
Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), que
en su último informe 'La acción humanitaria en 2019-2020: una agenda
condicionada por la pandemia' no perciben demasiados signos para el
optimismo de cara a los próximos meses a tenor de lo visto en el último
año.
El año 2019 terminaba con 79,5 millones de personas refugiadas o
desplazadas internas, una cifra que es un 93,9 por ciento superior a la
que había a finales de 2010, y con 34 conflictos armados activos --sin
variaciones con respecto a 2018-- y 94 escenarios de tensión --83 el año
anterior--. En 2020, la ONU cifró en casi 168 millones las personas
necesitadas de asistencia y protección y su previsión para 2021 es de
235 millones, un 40 por ciento más.
En este contexto, según el informe, la financiación internacional
destinada a la acción humanitaria disminuyó en 2019 por primera vez
desde 2012. Así, el total de fondos, sumando los fondos públicos y las
donaciones privadas, disminuyó en 1.600 millones de dólares hasta los
29.600 millones de dólares, con Yemen y Siria como los dos principales
receptores de fondos humanitarios.
Sin embargo, según ha resaltado Jesús A. Núñez Villaverde, codirector
del IECAH, durante la presentación del informe, el gasto militar ha
aumentado en los últimos años y se sigue apostando por "respuestas
militares a cuestiones que no la tienen", sin nada que indique que esto
vaya a cambiar en los próximos meses.
El hecho de que la atención esté centrada en la pandemia también ha
provocado que se hayan perdido de vista problemas y crisis que ya se
venían arrastrando, como la crisis climática, por lo que en general se
sigue apostando por el "enfoque reactivo" con la "prevención como
asignatura pendiente".
En opinión de Núñez, si algo ha enseñado la COVID-19 "es la necesidad
de anticipación y prevención". Por ello, ha defendido la necesidad de
"respuestas multilaterales y multidimensionales" frente a los problemas
actuales, dado que "ningún país tiene capacidad por sí solo para
modificar el rumbo en el que estamos, ni siquiera Estados Unidos".
En este sentido, ha advertido de que no se deben generar expectativas
desmedidas respecto a la eventual llegada de Joe Biden a la Casa Blanca,
recordando que ya en 2008 también las hubo respecto a Barack Obama, que
se pensaba que iba a "arreglar todos los problemas del mundo" y no fue
así.
Impacto en la acción humanitaria
El informe también pone en particular el acento sobre el impacto que
la pandemia ha tenido sobre la acción humanitaria, empezando por las
consecuencias que las restricciones de movimiento han tenido sobre el
personal humanitario y las tareas que realizan, obligándoles a modificar
sus actividades y adaptarlas a las nuevas realidades.
Pero además, y al margen de si había o no crisis humanitaria previa,
se ha constado un "aumento de las necesidades de salud", ha explicado
Raquel González, responsable de Relaciones Externas de MSF, en un
momento en el que se ha producido una interrupción de los servicios de
salud, no solo en los países más pobres sino en otros desarrollados,
como España.
Uno de los servicios de salud que más se han visto afectados ha sido
la vacunación, con las campañas suspendidas de alguna forma en 54 países
y unos 80 millones de niños afectados, así como el tratamiento y la
prevención de la malaria, ha precisado, con las consecuencias que esto
conlleva.
Asimismo, los equipos de MSF también han sido testigos de una ligera
disminución en las consultas, por un cierto "miedo y rechazo" a que los
centros de salud puedan ser foco de contagio. "Esto nos preocupa mucho
porque gran parte de nuestro trabajo se basa en que la gente acuda a
nuestros centros ya que no sirve para tomar el pulso a cuáles son sus
necesidades", ha explicado González.
"Hemos perdido en parte esa capacidad de comprender lo que está
sucediendo", ha subrayado, si bien ha precisado que han podido constatar
un aumento de la desigualdad y la violencia. Además, ha destacado, la
pandemia "amenaza con revertir décadas de avances en igualdad de género y
derechos de las mujeres".
Por ello, de cara a los próximos meses, la responsable de MSF ha
subrayado la importancia de que la vacuna contra la COVID-19 llegue a
todos y por otra parte "no se dejen de lado actividades esenciales y
rutinarias como la prevención, la vacunación o la salud mental",
cuestión esta última que "ha quedado absolutamente olvidada".
No olvidar las crisis previas
En realidad, ha añadido Francisco Rey, codirector del IECAH, la
pandemia de coronavirus supone llover sobre mojado para aquellos países
que ya se enfrentaban a crisis previas. "Centrarnos solo en la respuesta
paliativa de la COVID-19 está haciendo que nos olvidemos de crisis que
ya existían", ha lamentado, recordando algunas que no atraen tantos
titulares como la del norte de Mozambique o la de los países del
Triángulo Norte de Centroamérica, al margen de Siria, Yemen, el Sahel o
Venezuela.
Rey ha reconocido que el retroceso en los fondos destinados a ayuda
humanitaria es "muy preocupante". En 2019, solo se cubrió el 60 por
ciento de los fondos solicitados por la ONU para ayuda humanitaria
mientras que este año la cifra ronda el 40 por ciento.
Las perspectivas para 2021, ha admitido, parecen indicar que habrá un
nuevo retroceso en los fondos humanitarios, de ahí la importancia de
recordad, ha dicho, que de nada sirve combatir la pandemia "si persiste
en países empobrecidos" ya que "antes o después llegará aquí".
No obstante, en este panorama tan negativo, hay una "buena noticia",
ha destacado el responsable del IECAH, el aumento de la Ayuda Oficial al
Desarrollo (AOD) por parte de España en 2019 y también un ligero
aumento de la asistencia humanitaria dentro de ella.
Según el informe, la acción humanitaria pública española alcanzó los
61,99 millones de euros en 2019, un 22,1 por ciento más que el año
anterior. No obstante, dentro de la AOD la ayuda humanitaria representa
el 2,38 por ciento, si bien el Gobierno se ha comprometido a que llegue
al 10 por ciento, en línea con las recomendaciones a nivel
internacional. Además, la AOD representa el 0,21 por ciento de la Renta
Nacional Bruta, una cifra alejada del compromiso del 0,5 por ciento para
2023.