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sábado, 29 de julio de 2023

La gran ventaja de tener pasaporte de España


LONDRES.- El Índice de Pasaportes Henley se refiere a una clasificación que muestra la fuerza de los pasaportes de diferentes países en términos de la cantidad de destinos a los que sus titulares podían viajar sin necesidad de obtener una visa previa. En la última edición de este ranking, España ha alcanzado la segunda posición, por lo que se puede decir que el pasaporte español es el segundo con más fuerza del mundo. 

El índice es publicado anualmente por la firma de consultoría Henley & Partners, y se basa en datos proporcionados por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). El puntaje de un país en el Índice de Pasaportes Henley está determinado por el número de países a los que sus ciudadanos podían viajar sin visa o con una visa a la llegada.

El país con el pasaporte más fuerte tiene el mayor número de destinos accesibles sin visa, mientras que el país con el pasaporte más débil tiene el menor número de destinos sin visa. De ahí lo importante que es que España sea el segundo país con el pasaporte más fuerte del mundo, mostrando los acuerdos suscritos entre países para viajar sin necesidad de visa. 

Es importante tener en cuenta que las clasificaciones del Índice de Pasaportes Henley pueden cambiar con el tiempo debido a las relaciones internacionales, acuerdos bilaterales, cambios en políticas de visa, y otros factores que afectan la movilidad de los ciudadanos de diferentes países.

Según el Henley Passport Index 2023, Japón tiene el pasaporte más poderoso del mundo. Se trata del quinto año consecutivo que ocupa está posición, ya sea solo o junto con Singapur.

Los ciudadanos japoneses ahora pueden visitar 193 destinos de 227 sin necesidad de visa, mientras que los ciudadanos de Singapur y Corea del Sur, empatados en el segundo lugar del índice, pueden visitar 192 países sin visa.

Según el índice, los viajes globales alcanzan en la actualidad en alrededor del 75% de los niveles previos a la pandemia: “aquellos que tienen la oportunidad de hacerlo parecen estar adoptando lo que se ha denominado ‘revenge travel’”, apunta el informe.

Sin embargo, un análisis más profundo del índice revela el lado más oscuro de esta imagen optimista: Afganistán se mantiene firme en la parte inferior del índice, con una puntuación de 27: 166 destinos sin visa menos que Japón, lo que representa la mayor brecha de movilidad global registrada desde la creación del índice hace 18 años.

Alemania y España ocupan el tercer lugar, con acceso sin visado a 190 destinos de todo el mundo. Nuestro país mantiene la tercera posición del año anterior, revalidando así el título de tercer pasaporte más poderoso del mundo.

En cuarto lugar encontramos, con 189 destinos a los que acceder sin visa: Finlandia, Italia y Luxemburgo (los tres descienden un lugar con respecto al año pasado).

Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia ocupan el quinto lugar (188 destinos) seguidos, en sexta posición (187 destinos) por: 

Irlanda y Portugal ocupan el quinto lugar (187 puntos) seguidos, en sexto lugar (186 puntos) por: Francia, Irlanda, Portugal y Reino Unido.

Completan el top 10: Bélgica, República Checa, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Estados Unidos  (en 7º lugar con 186); Australia, Canadá Grecia y Malta (en 8º lugar con 185); Hungría y Polonia (en 9º lugar con 184); y Lituania y Eslovaquia (en 10º lugar con 183).

Reino Unido y Estados Unidos permanecen en los lugares 6 y 7, con puntajes de 187 y 186, respectivamente, “y parece cada vez más improbable que cualquiera de los dos países recupere el primer lugar en el índice que ocuparon juntos hace casi una década, en 2014”, apunta el informe.

Los últimos puestos del ranking los ocupan Siria, Irak y Afganistán (al igual que en el informe de 2022), cuyos pasaportes permiten acceder sin visa a 30, 29 y 27 países respectivamente.

Los países de la Unión Europea con el pasaporte menos poderoso son Bulgaria y Croacia, cuyos habitantes pueden acceder a 174 destinos sin visa (en 2022 podían acceder a 173 países).

“Los ciudadanos de los países con la clasificación más baja del índice están efectivamente excluidos de una gama sorprendentemente amplia de oportunidades para la movilidad económica y el crecimiento”, dice el informe en lo relativo al vínculo entre la solidez del pasaporte y el acceso a la economía global.

El Dr. Christian H. Kaelin, presidente de Henley & Partners e inventor del concepto de Passport Index hace casi dos décadas, comenta que “este último estudio revelador mejora nuestra comprensión de lo que significa el poder del pasaporte en términos financieros concretos”.

“El Henley Passport Index mide el acceso sin visa a 227 destinos en todo el mundo, lo que por supuesto lo convierte en una herramienta extremadamente útil para los viajeros. Sin embargo, para los ciudadanos globales y los empresarios internacionales, una mejor medida de la movilidad económica y la oportunidad que brindan sus pasaportes es una indicación de qué parte del PIB mundial es accesible para ellos sin visa”, explica el Dr. Kaelin.

“Nuestra última investigación sobre cuánto acceso económico global proporciona cada pasaporte es una herramienta útil para los inversores, además de brindar una nueva perspectiva sobre la desigualdad económica cada vez mayor y la disparidad de riqueza que ha llegado a definir nuestro mundo”, concluye.

Al combinar los datos del Índice y los datos del PIB del Banco Mundial, la nueva investigación clasifica los 199 pasaportes del mundo en términos de su puntaje Henley Passport Power (HPP), un término que indica el porcentaje del PIB global que cada pasaporte proporciona a sus titulares, sin visa.

Tomemos como ejemplo el pasaporte japonés, que da acceso sin visa a 193 destinos (el 85% del mundo). En conjunto, estos países representan la friolera del 98% de la economía mundial (con una contribución al PIB de Japón de alrededor del 5%). “En el extremo contrario, el pasaporte de Afganistán brinda acceso sin visa a solo el 12% del mundo y menos del 1% de la producción económica global”, relata el índice.

En términos de porcentaje del PIB mundial, Estados Unidos y China se llevan la mayor parte, con un 25% y un 19% respectivamente, pero los titulares de pasaportes estadounidenses pueden acceder a otro 43% de la producción económica mundial sin necesidad de visa, lo que eleva su total al 68%, mientras que los titulares de pasaportes chinos solo pueden acceder a un 7% adicional sin visa, lo que hace que su acceso total sea solo del 26% del PIB mundial.

“Un pasaporte más fuerte no se trata solo de una mayor libertad de movimiento: se trata de mayores libertades financieras en términos de inversión y oportunidades empresariales”, comenta el escritor financiero y experto en inversiones globales Jeff D. Opdyke.

“En general, un mayor acceso a la producción económica mundial es ventajoso, ya que amplía la cesta de productos disponibles para cualquier individuo. Si bien esto también se puede lograr a través del comercio internacional, las opciones disponibles con acceso físico son mucho mayores y se extienden al uso de servicios que no son exportables, como educación y atención médica de mejor calidad”, añade el Dr. Areef Suleman, Director de Investigación Económica y Estadísticas del Instituto del Banco Islámico de Desarrollo.

“La guerra de Ucrania aún no ha tenido un impacto significativo en los puntajes del índice de pasaporte Henley de Rusia y Ucrania, y ambos países conservan aproximadamente la misma posición ‘sobre el papel’ desde que comenzó la invasión”, dice el índice.

“Rusia ocupa actualmente el puesto 49 con una puntuación de 118, mientras que Ucrania se encuentra 13 lugares por encima, ocupando el puesto 36 con una puntuación de 144. Sin embargo, debido al cierre del espacio aéreo y las sanciones, los ciudadanos rusos tienen prohibido viajar por la mayor parte del mundo desarrollado, con las marcadas excepciones de Dubai y Estambul, que se han convertido en puntos focales”, continúa.

La herramienta elaborada por Henley & Partners permite ver en un mapa los países a los que puede acceder con su pasaporte sin necesidad de visa y los que sí requieren visa.

También puede comparar su pasaporte con los de otros países e incluso ver cómo mejorar su situación en el caso de que tuviera un pasaporte adicional.

Se puede consultar la clasificación completa en la página oficial del Henley Passport Index 2023.

domingo, 19 de febrero de 2012

Grecia: un país irrecuperable desde hace 150 años

Un país paralizado por las deudas, que sólo se mantiene en pie gracias al apoyo de las potencias europeas, discapacitado por una administración ineficaz: el francés Edmond About realizó este diagnóstico del mal griego... en 1858. Un texto que circula ahora en Europa. 


Grecia es el único ejemplo conocido de un país que vive en la bancarrota desde el día que nació. Si Francia o Inglaterra se encontraran únicamente un año en esta situación, tendría repercusiones terribles. Grecia ha vivido más de veinte años en paz con la bancarrota. Todos los presupuestos, desde el primero hasta el último, son deficitarios.
 Cuando en un país civilizado el presupuesto de ingresos no basta para cubrir el presupuesto de gastos, la situación se garantiza con un préstamo realizado en el interior. Es un método que el Gobierno griego nunca ha probado y de haberlo hecho, habría fracasado.
Fue necesario que las potencias protectoras de Grecia garantizaran su solvencia para que negociara un préstamo en el exterior. El Gobierno derrochó los recursos proporcionados con este préstamo sin ningún beneficio para el país y una vez que se acabó el dinero, los que le avalaban, en un acto de bondad, tuvieron que hacerse cargo de los intereses. Grecia no podía pagarlos.

Los contribuyentes no pagan

Hoy renuncia a la esperanza de pagar algún día sus créditos. Y aunque las tres potencias protectoras siguieran pagando indefinidamente por Grecia, la situación en el país tampoco mejoraría. Sus gastos seguirían sin estar cubiertos por sus recursos.
Grecia es el único país civilizado en el que los impuestos se pagan en especie. El dinero es tan escaso en los campos, que fue necesario recurrir a este modo de recaudación. Primero el Gobierno intentó recaudar el impuesto mediante arrendamientos, pero los agricultores, después de haberse comprometido temerariamente, no cumplieron su compromiso y el Estado, que no tiene ningún poder, no tenía ningún modo de obligarles a hacerlo.
Desde que el Estado se encargó de recaudar el impuesto, los gastos de recaudación son considerables y los ingresos apenas han aumentado. Los contribuyentes hacen lo mismo que los agricultores: no pagan. Los ricos propietarios, que son al mismo tiempo personajes influyentes, encuentran los medios de engañar al Estado, ya sea comprando o intimidando a los funcionarios.

El recaudador es prudente

Estos funcionarios, mal pagados, sin un futuro garantizado y que temen ser despedidos en el próximo cambio de ministerio, no tienen en cuenta los intereses del Estado como nosotros. Lo único que les preocupa es hacer amigos, mantener contentos a los poderosos y ganar dinero. En cuanto a los pequeños propietarios, que deben pagar por los grandes, están protegidos contra los embargos, ya sea por un amigo poderoso o por su propia miseria.
En Grecia la ley nunca ha sido esa persona intratable que conocemos aquí. Los funcionarios escuchan a los contribuyentes. Cuando se tutean y se llaman hermanos, siempre encuentran una forma de entenderse. Todos los griegos se conocen muy bien y se quieren lo suficiente. Apenas conocen esa entidad abstracta que se denomina Estado y que no les gusta. Por último, el recaudador de impuestos es prudente: sabe que no hay que enfadar a nadie, que en el camino de vuelta a su casa tendrá que atravesar terrenos difíciles y que puede producirse fácilmente un accidente.
Los contribuyentes nómadas (los pastores, los leñadores, los carboneros, los pescadores) se enorgullecen de no pagar impuestos, algo que consideran casi un honor. Siguen pensando que, como en el tiempo de los turcos, el gobernante es su enemigo y que el mayor derecho del hombre es guardar su dinero.

Una esperanza presuntuosa

Por ello, los ministros de Finanzas hasta 1846 presentaban siempre dos presupuestos de ingresos. Uno, el presupuesto oficial, que indicaba las sumas que el Gobierno debía percibir en ese año y los derechos que adquiriría; el otro, el presupuesto de gestión, que mostraba lo que esperaba recibir.
Y como los ministros de Finanzas suelen equivocarse en el cálculo de los posibles recursos que se obtendrán en beneficio del Estado, habría sido necesario realizar un tercer presupuesto que indicara las sumas que el Gobierno estaba seguro de percibir. Por ejemplo, en 1845, por la cosecha de los olivos de dominio público, arrendados a los particulares, el ministerio inscribió en el presupuesto oficial una suma de 441.800 dracmas. De esta suma (en su presupuesto de gestión), el Estado se contentaba con recibir 61.500 dracmas.
Pero esta expectativa era de lo más presuntuosa, ya que el año anterior, el Estado no había percibido por este artículo ni 441.800 dracmas, ni 61.500 dracmas, sino 4.457 dracmas y 31 céntimos, es decir, alrededor de un uno por ciento de lo que le debían. En 1846, el ministro de Finanzas no presentó ningún presupuesto de gestión y esta costumbre se perdió.

"Pida un préstamo"

Los gastos de Grecia se componen de lo siguiente: de la deuda pública (deuda interior y extranjera), de los sueldos de los funcionarios, de las dietas de los parlamentarios, de los gastos de los ministerios, de los gastos de administración y de otros gastos diversos.
Si conociera un Gobierno que dudara de su fuerza, de su crédito, del afecto de sus partidarios y de la prosperidad del país, le diría: “Pida un préstamo”.
Pero sólo se presta a los Gobiernos que se consideran consolidados. Sólo se presta a los Gobiernos que se consideran lo bastante honestos como para cumplir con sus compromisos. Sólo se presta a los Gobiernos que se tiene interés en mantener. En ningún país del mundo la oposición ha hecho aumentar los fondos públicos. Por último, sólo se presta cuando se tiene algo que prestar.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La 'biblia' del baloncesto supera los tres millones de euros en una subasta

NUEVA YORK.- Hace 119 años un profesor de educación física escribió las 13 reglas básicas del baloncesto y dio nombre al nuevo deporte, que se ha convertido en uno de los más populares de todo el mundo y de los que más dinero mueven. Ese texto ha superado los tres millones de euros (4 millones de dólares) en una subasta celebrada en Sotheby's . La venta de las dos hojas ha superado con creces las expectativas de la casa de subastas, que había pronosticado que este lote alcanzara entre 1,1 y 1,5 millones de euros (1,5 y 2 millones de dólares).

Su creador fue James Naismith, el profesor de educación física de un gimnasio de la Asociación Cristina de Jóvenes (YMCA) en la localidad estadounidense de Springfield (Massachusetts) que en diciembre de 1891 decidió crear un nuevo juego para entrenar a sus estudiantes durante los meses de invierno. El juego tuvo un éxito inmediato y rápidamente se extendió por todo el mundo, para llegar a China en 1895, incorporarse a los Juegos Olímpicos en 1936 y dar origen a la NBA en 1949, aunque de las dos hojas originales de sus reglas han pasado ahora a un reglamento oficial de ochenta páginas.
Los fondos obtenidos de la venta de este escrito único , que hasta ahora habían pertenecido a la familia de su autor, serán destinados a la Fundación Internacional de Baloncesto Naishith, que busca la promoción y reconocimiento del espíritu deportivo en este y otros deportes. "Naismith y su familia han conservado uno de los grandes documentos en la historia del deporte y la cultura estadounidense: el original de dos páginas mecanografiadas de las normas que, como se señala en la parte inferior de la segunda hoja, se colgó en el gimnasio para que los muchachos aprendieran las reglas", según el especialista de Sotheby's Selby Kiffer

jueves, 4 de noviembre de 2010

Historia de una entrevista histórica en Carabanchel Bajo / Francisco Poveda


El franquismo fue generador de mitos muertos, algunos de ellos ídolos falsos. Pero otros vivos,  sumamente atractivos para un periodista en ciernes, como el que ya comenzaba a ser un obrero singular, luchador por la libertad y verdadero lider sindical en prisión, una especie de Mandela a la española por todos los años vividos en cautividad y en el exilio menos glamouroso del norte de África. "Soy un hombre normal, creo en los pueblos, digamos que soy un símbolo al conocerse el por qué de mi vida y mi proyección internacional", tenía interés en dejar claro nuestro hombre antes de empezar la entrevista.

Era enero de 1975 y los jóvenes dirigentes del franquismo en su estertor ya veían la necesidad de un pacto político con la Oposición democrática emergente para salvar los muebles con la reforma del sistema. Los indultos se sucedían para preparar el terreno y de ellos se benefició un maduro obrero soriano, de La Rasa de Osma, con 57 años, llamado Marcelino Camacho Abad y con cierta aureola de indomable porque nadie conseguía doblarlo, ni doblegarlo, ni domesticarlo. "La derecha me respeta por mi trayectoria vital y el prestigio que significa, pero no me mima, más bien me desprestigia con noticias falsas", se quejaba.

No obstante su salida de la cárcel, el Régimen no lo quería por ahí suelto haciendo proselitismo entre los oprimidos y le impuso un silencio público que tentaba a intentar que no fuera absoluto. Con la ayuda de mi hermano Miguel, estudiante de Sociología en la Complutense, miembro de las JJSS y con buenos contactos en un PCE aún en la clandestinidad relativa, utilizamos como cauce a José Antonio Moral Santín, un joven profesor comunista de la Facultad de Ciencias Políticas  (actualmente catedrático y consejero de Caja Madrid) por su condición de responsable de Economía en la dirección comunista del interior.

En Murcia (pensaba alojarse en casa de un compañero de la HOAC) y Valencia se programaron pronto unas conferencias por parte de sindicalistas en la sombra y opositores, que finalmente fueron suspendidas por la autoridad gubernativa. Era enero de 1975 y a Franco le quedaba menos de un año de vida, por lo que su gente necesitaba ser algo aperturista so pena de perecer en el tránsito. La libertad de prensa era, pues, una de las pocas avanzadillas efectivas para la posterior transición aunque tuviese ciertas limitaciones de autocensura.

Confieso que aproveché la rendija y me planté en casa de Marcelino Camacho, no más de 60 m2, en el madrileño barrio de Carabanchel Bajo, en la fecha  y hora convenida a través del Comité Central del PCE, creo recordar que el sábado 17 de enero a las 10 de la mañana.

Al llegar solo estaba su esposa Josefina (una pantalonera, almeriense de Fondón, 1927, en La Alpujarra, emigrante a los 4 años, a la que había conocido durante su exilio de catorce, primero en el Marruecos francés, 1943, y Orán, 1944-1957.  Se casó en Argelia en 1948 con  su compañera de toda la vida, Josefina Samper Rosas, afiliada a las JSU, una mujer como él e hija de minero emigrado, que luego popularizó sus característicos jerséis de lana gruesa) pero ni Marcelino ni ninguno de sus dos hijos, Marce y Yenia, adolescentes en aquella época, me estaban esperando.

Al poco apareció ante mí el mito en carne mortal y con uno de sus caracteríscos jerseys de cuello vuelto tricotados por Josefina para su esposo, internado hasta hacía bien poco en la tercera galería de la cercana y tristemente célebre cárcel de Carabanchel. Venía de comprar el 'Ya',  su periódico de cabecera, aunque también el 'Arriba" para "ver como respira el Régimen y como se mete conmigo en sus editoriales", decía algo resignado.

Recuerdo que irradiaba una personalidad especial aquella mañana para la primera entrevista periodística en la libertad (la segunda se la hizo días después la agencia soviética de noticias Tass a través de su corresponsal en Madrid), publicada justo a la semana, domingo 27 de enero de 1975, en la contraportada de todas las ediciones del diario 'La Verdad' gracias al talante inequívoco de su entonces director Juan Francisco Sardaña Fabiani, un joven valenciano de origen sardo, salido de la militancia católica y cargado de hijos.

La casa, limpia y recogida, típica de los años 60 en la periferia madrileña, era más que modesta en un clásico barrio obrero. Tenía cuatro alturas el edificio pero carecía de ascensor. Creo recordar que los Camacho-Samper vivían en el 3º izquierda (¡como no!). Marcelino la tenía llena de los libros que, por encargo,  le había ido comprando Josefina para ir formándose e instruyéndose durante los largos días de cárcel en varias etapas.

 Nos sentamos en un pequeño despacho-biblioteca, soleado pese a los visillos y acogedor, donde su esposa nos sirvió un frugal desayuno a base de café con leche y magdalenas, solo interrumpido por las llamadas telefónicas de otros periodistas con menos suerte que yo.

Marcelino no quería ser un superstar ("que lo sea la clase obrera aunque yo sea su cara") tras cobrar mucha actualidad. Ni se consideraba un mito o algo parecido. "Todo el mundo me respeta porque mi vida ha sido una lucha constante pero no soy un mito aunque la realidad haya que expresarla con nombres concretos y la derecha quiera desprestigiarme".

La lucha sindicalista volvió a llevar a Camacho a la cárcel en 1966, cuando trabajaba como tornero-fresador en 'Perkins Hispania', donde retomó su trabajo sindicalista, él que pudo haber acabado en un seminario de la mano del párroco de su pueblo en vez de dedicarse a sabotear los transportes del bando nacional durante la guerra. Un arrebatador impulso reivindicativo -conocido desde su liderazgo en la fábrica de la Perkins, luego 'Motor Ibérica'- le llevó a pasar muchos años en prisión. Pagó muy cara su dedicación a la lucha por la democracia y para que los trabajadores españoles tuvieran una vida digna.

Porque de nuevo volvió a prisión en 1967 y 1972; esta vez, víctima del famoso proceso 1.001 junto al resto de la cúpula de CCOO (Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora, Pedro Santiesteban, Eduardo Saborido, Francisco García Salve, Luis Fernández, Francisco Acosta, Juan Muñiz Zapico y Fernando Soto).

En las diversas estancias en la cárcel, Marcelino aprendía, además de a debatir, el significado de conceptos como plusvalía, capital, productividad, inversión, lucha de clases..., que luego manejaba airadamente en sus apasionados discursos. Para hacer menos frías y duras esas estancias en la cárcel, Josefina le tejía sus famosos jerseys, los marcelinos, que luego crearon todo un estilo en la transición. La democracia le devolvió la libertad y sacó de la clandestinidad a su sindicato, las CC OO, cofundado por él en 1960. Camacho exhibía, al menos, el carné nº 1.

En la mesa camilla un montón de cartas de todas las partes del mundo pendientes de contestar, carpetas, fotos y recuerdos. En las paredes, un poster con su figura y un cuadro pintado por él mismo, y en otra mesita, muy bien ordenado todo: fotocopias, recortes de periódicos extranjeros, telegramas, una foto con sus hijos e invitaciones de los sindicatos de EE UU para impartir las conferencias que se le prohibian en España. Al poco viajó a Boston con su fiel e inseparable Josefina.

Camacho se mostró durante toda la entrevista como un radical pacífico porque ni siquiera entonces era un extremista ni anidaba en él rencor alguno por el trato recibido. Era un claro partidario de la ruptura democrática sin violencias, tal vez estigmatizado por el alto precio pagado por la clase obrera a raíz de todo tipo de excesos en nuestra Guerra Civil y porque, a su juicio, los sindicatos históricos habían perdido el contacto con las masas. "El fraccionamiento sindical es el suicidio de la clase obrera en un país con un poder político y económico tan concentrados", afirmaba para fundamentar su idea de una gran central sindical única y plural, quizá pensando que la UGT era un sindicato de otra época.

"Debemos huir de portugalizaciones, se requieren soluciones a la española", me decía tras constatar al salir de la cárcel, menos represión y dureza aunque la misma falta de libertad, por lo que se inclinaba antes por un pacto político que por un pacto social. "Sin democracia no puede haber acuerdos sociales y los partidos políticos son necesarios para esa libertad, todos sin exclusiones", añadía, más como miembro del PCE que como fundador de las Comisiones Obreras, que ya infectaban el sindicalismo vertical oficial de la época.

"Las CC OO deben son democráticas porque - revelaba- en ellas hay catolicos, socialistas de Tierno Galván, carlistas, comunistas..." y propugnaba por aquel entonces un congreso sindical constituyente.

"El sindicalismo ha de ser de clase, de masas, democrático, independiente de los partidos y de los estados, tiene su fuerza en su número y debe ser de mono azul y bata blanca", me adelanta como idea plasmada en su libro "Charlas en la prisión", a punto de aparecer en enero de aquel año. 'Los pueblos quedan, las gentes pasan', insistía desde  un afán idealista que le dio a su identidad política ribetes ingenuos que lo hicieron especialmente querido.

Insistía, una y otra vez, en la necesidad de una Confederación Sindical plural, descentralizada, proporcional, respetuosa con todas las tendencias integradas y decisiones democráticas "con mayorías cualificadas de 2/3 ó 3/4" porque, a su juicio, el sindicalismo unitario no tenía nada que ver con el pluralismo político de los obreros.

Camacho se declaraba sin ambages partidario de una ruptura política para pasar del totalitarismo a la democracia. "Pero pacífica, como en un país civilizado". Y ahí le hice una pregunta clave que, por su respuesta, explica su posterior sintonía con el rey y La Zarzuela.

"Personalmente prefiero la República porque garantiza mejor las libertades democráticas. Pero hay excepciones. Hay repúblicas como la de Salazar y monarquías como la sueca. Aquí debiera pronunciarse el pueblo español libremente sobre ésto. Yo respetaría la voluntad de la mayoría. Para ser operativo ha de manifestarse organizado, unido y con conciencia de su misión histórica".

Al final, hice un balance de percepciones sobre el entrevistado y llegué a varias conclusiones: me pareció un hombre cabal, idealista hasta el extremo, sin rencor hacia sus carceleros, con esperanza fundada, positivo por proactivo, de buena sombra, siempre convencido de lo que decía y hacía en defensa de unas causas que consideraba justas, y que entregaba con generosidad una energía que nunca utilizaba para sí mismo sino para la defensa de los derechos de los otros. Parece que libertad, justicia social y paz resumen toda su acción.

Pronto te dabas cuenta de que Marcelino era un hombre bueno, vital, lleno de cordialidad, con una mirada sana, sin atisbo de maldad, que luchaba por unos ideales y que, sin él quererlo, se convirtió en una referencia de la izquierda por su espíritu combativo en defensa de los derechos de los trabajadores y en la lucha por sus derechos sociales.

Humano y honesto hasta la médula, ya en esa fecha era una referencia ética para la izquierda sociológica por una integridad personal enorme; Marcelino, hombre coherente y de compromiso, reunía a simple vista todas las virtudes cívicas al ser capaz de entender las ideas de los demás como hombre de bien, sin dejar de mantener fervor por sus ideales comunistas;   era ya en esa fecha reconocido como de lo mejor de la clase obrera y de la lucha por la igualdad en el estado del bienestar. No lo percibí en ningún momento como un forofo del llamado 'paraiso socialista'.

Sentí al despedirme, al filo del mediodía, que, tanto él como Josefina, eran buena gente, afable y sencilla, y Marcelino un castellano de ley. Pese a tener una de las casas más modestas entre las que he ido para hacer entrevistas en los últimos 40 años, sabían recibir a quien les visitaba. Su hogar era alegre y tenía alma. Con eso me quedé porque nunca más volví a verlos de cerca para poder hablar con ellos y comprobar que no habían cambiado. Pero sí leí su libro-testamento 'Confieso que he luchado'.