La crisis golpea especialmente a Bretaña y Países del Loira, las dos principales regiones avícolas del país, que concentran cerca del 60 % del censo de aves de corral. Francia es el tercer productor de la Unión Europea, por detrás de Polonia y España.
Los ganaderos describen la pérdidas de miles de aves en apenas unas
horas. En una explotación de Vendée, en el oeste de Francia, un
avicultor citado por el diario Le Figaro relata haber perdido alrededor de la mitad de sus animales después de que la temperatura en sus naves alcanzara los 40 o 41 grados.
«Nos quedamos sin aire dentro de las naves, los animales no
respiraban bien. Se agrupaban en busca de zonas más frescas, pero
acababan sucumbiendo al calor», explica.
La Cámara de Agricultura de
Bretaña habla de mortalidades masivas en las explotaciones avícolas. Las
organizaciones del sector advierten de que el episodio sigue en curso y que todavía es pronto para cuantificar el impacto total.
«Son días que nunca habíamos conocido en Bretaña y apenas estamos a
mitad de camino», explicó Yves-Marie Beaudet, presidente de la
interprofesión francesa del huevo. Los ganaderos han recurrido a ventiladores, sistemas de ventilación, nebulizadores y suplementos minerales
en el agua para aliviar el estrés térmico de las aves. Pero cuando el
aire exterior supera ampliamente los 35 grados, esas medidas apenas
consiguen frenar las muertes.
Más allá del impacto económico, el sector insiste en la dimensión humana de la crisis. Responsables agrícolas describen un golpe psicológico para los productores, obligados a gestionar la retirada de miles de animales muertos en pocos días.
La ola de calor también amenaza al resto del campo francés. En declaraciones a la televisión BFMTV,
Thierry Cotillard, director de los supermercados Mousquetaires
Intermarché, aseguró que las temperaturas récord que se están
registrando van a disparar los precios de frutas, verduras y carne.
«Las condiciones de cría son muy difíciles, habrá mortalidad -explicó
refiriéndose al ganado-, pero sobre todo, en el caso de la producción
hortícola, habrá cosechas que no saldrán de los campos porque nos faltará agua», avisó.
En concreto, Cotillard dijo que el melón francés
podría escasear en «tres o cuatro semanas».
Los agricultores siguen con
preocupación el efecto de las temperaturas extremas sobre los cultivos
de verano y los cereales, en un episodio que llega antes que la
histórica ola de calor de 2003, que fue en agosto, cuando las cosechas
ya estaban recogidas.
En el este del país, los arboricultores de Fougerolles (Alto Saona)
han activado una carrera contrarreloj para salvar la cosecha de las cerezas utilizadas para producir el kirsch, un licor tradicional.
El intenso calor está «quemando» la fruta en los árboles, explicó un productor a la radio FranceInfo. La producción podría caer de 400 toneladas previstas a menos de 150.
Los especialistas advierten de que la sucesión de olas de calor y otros fenómenos extremos
están dejando de ser una excepción.
Para el campo francés, la
adaptación al cambio climático ha pasado de ser un desafío de futuro a
una necesidad inmediata.
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