Estados Unidos está cada vez más cerca de atacar Irán. Washington le ha dado un ultimátum a Teherán con condiciones inasumibles: el fin del programa nuclear, limitar su arsenal de misiles y dejar de apoyar a sus milicias aliadas en Oriente Próximo.
Entretanto, aprovecha para enviar portaviones, aviones de combate y miles de efectivos que se suman a sus bases en la región.
Trump tiene varios objetivos con un ataque al régimen iraní. El primero es someterlo, más que derrocarlo, y frenar su programa nuclear.
Para conseguirlo, el posible ataque aéreo se dirigirá contra el arsenal de drones y misiles de la República Islámica, contra otros objetivos y líderes de la Guardia Revolucionaria, e incluso contra el líder supremo, Alí Jamenei.
Los otros objetivos de Trump van más allá de Irán. Por un lado, busca consolidar a Israel como policía regional. De paso, perjudicaría a China al frenarle parte del suministro de petróleo, al igual que ha hecho con el crudo venezolano.
Finalmente, reforzaría su liderazgo dentro de Estados Unidos de cara a las midterms de noviembre y su proyección como pacificador global.
Irán, por su parte, se verá obligado a responder. La República Islámica cuenta con misiles que pueden alcanzar objetivos estadounidenses en la región.
La cuestión es si el ataque inicial —al que podría sumarse Israel— y la represalia escalan todavía más. Washington buscará dar golpes contundentes para evitar un conflicto duradero, y el régimen iraní se juega su supervivencia.
Pero para Estados Unidos será más difícil imponerse en Irán que en Venezuela. El país de Oriente Próximo tiene el doble de tamaño y el triple de población, y el régimen está más cohesionado.
La Guardia Revolucionaria tiene más capacidad de respuesta y resistencia, además de influencia política, supervisa el programa nuclear y controla sectores económicos clave.
En cualquier caso, la República Islámica saldrá más debilitada. Mantener la línea dura hará que Estados Unidos e Israel vuelvan a atacar hasta que Teherán al menos renuncie de facto al programa nuclear.
La presión también podría hacer chocar a la Guardia Revolucionaria con los sectores pragmáticos y el Ejército. Al final, el régimen iraní tendrá que entenderse con Washington.

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