Cuba es un país devastado. Si has viajado allí después de la pandemia, sobre todo en los últimos dos años, lo habrás visto. Yo viajé en octubre de 2024: entonces ya eran habituales los apagones masivos, incluido en La Habana; faltaba de todo: agua potable, combustible, alimentos, medicinas; y la devaluación de la moneda estaba desbocada.
Pero la situación acaba de empeorar radicalmente. El país sobrevivía gracias al petróleo barato que recibía de su principal aliado en América Latina: la Venezuela de Nicolás Maduro. A cambio, el régimen cubano mandaba médicos y soldados.
Durante años, los servicios secretos cubanos ayudaron a Maduro a reprimir la oposición en Venezuela y afianzarse en el poder y nutrieron el núcleo de su guardia personal. Más de treinta cubanos murieron en los combates cuando la Delta Force entró en Caracas para secuestrar a Maduro hace un mes.
Sin embargo, ahora que Trump controla Venezuela, el crudo se ha terminado. México, que también daba petróleo y apoyo diplomático a La Habana, ha dejado de hacerlo por las presiones de Estados Unidos. Rusia, histórico aliado de Cuba, está centrado en la guerra de Ucrania y no tiene recursos para salvar al régimen. Ni siquiera China podría hacerlo, aunque tampoco tiene interés.
A finales de enero, las reservas de petróleo de Cuba no alcanzaban para más de veinte días, según el Financial Times. El último envío mexicano llegó a principios de año. Rusia mandó su último buque en octubre y desde Argelia, otro suministrador, no ha llegado nada desde febrero de 2025.
Así las cosas, el discurso de los orgullosos líderes cubanos ha empezado a cambiar. El presidente, Miguel Díaz-Canel, aseguró a mediados de enero que Cuba es una nación soberana y está “dispuesta a defender a la patria hasta la última gota de sangre”. Ahora dice que el Gobierno "está dispuesto a un diálogo con Estados Unidos".
Ya no se trata, como dice la periodista cubana Mónica Rivero en un artículo en EOM esta semana, de cuánto resistirán los cubanos. No lo hacen: casi el 20% de la población, más de dos millones, ha abandonado la isla en los últimos tres años. La respuesta a la crisis es el éxodo masivo.
Las dos grandes preguntas son cuánto estará dispuesto a ceder Cuba y qué hará Trump: ¿abrirá el régimen la economía a Estados Unidos? Seguro que a Trump le seducen las posibilidades de negocio en las playas y resorts cubanos... ¿Pero hasta cuándo seguirá apostando Washington por una caída del régimen desde dentro?, ¿se atreverá a usar la fuerza como en Venezuela?
Sea como sea, el régimen no aguantará intacto mucho más tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario