WASHINGTON.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a sacudir los
cimientos de la OTAN con renovados ataques a sus aliados por la falta de
implicación en la guerra en Irán, en particular para garantizar la
libre navegación por el estrecho de Ormuz, lo que le ha llevado a
Washington a afirmar que contempla la retirada del bloque militar, una
declaración que simplemente con ser formulada ya supone un duro golpe a
los fundamentos de la organización basada en la disuasión militar.
Después de tensionar al máximo la relación con sus socios de la
OTAN a cuenta de sus pretensiones sobre Groenlandia, el mandatario
norteamericano ha vuelto a hacer saltar las alarmas esta semana con una
andanada de ataques a los aliados por no sumarse a la ofensiva contra
Irán, un acoso que ha culminado con palabras mayores como son la salida
de la organización que Estados Unidos fundó en 1949 para poner en pie un
bloque militar ante la Unión Soviética.
Las desavenencias
entre Estados Unidos y las potencias europeas sobre la estrategia a
seguir en Ormuz, paso clave para el comercio global de petróleo, llevó a
Trump a lanzar repetidos ataques contra estos países a los que llamó
"cobardes" y tachó de ingratos.
Según su versión, Washington hace un
trabajo en Irán que beneficia principalmente a otros países, a los que
afea que no aporten medios militares a una misión naval "menor", toda
vez que, según martillea Trump, la Marina iraní está diezmada por
semanas de ataques continuos.
Así las cosas, el presidente
norteamericano reclamó a los socios que tomen ellos mismos "su propio
petróleo" de la conflictiva región del Golfo sin la ayuda de Estados
Unidos. Ante esto la alternativa que lideran Francia y Reino Unido pasa
por una 'hoja de ruta' diplomática y política que logre reabrir el paso
que 'de facto' mantiene bloqueado Teherán.
Aunque Trump insiste
en que no necesita la ayuda de la OTAN para la campaña en Irán y el
control del estrecho, considera que la organización militar debe estar
presente en circunstancias como esta. Todo pese a que la OTAN es por
definición una alianza defensiva y es poca amiga de las aventuras
militares que puedan iniciar sus miembros.
El papel de la OTAN
fue limitado en las guerras de Irak o Afganistán iniciadas por Estados
Unidos durante el mandato de George Bush, países en los que sí se
desplegó posteriormente en misiones para brindar seguridad y asistir a
las autoridades locales para controlar el territorio y facilitar la
reconstrucción del país.
Debates teóricos aparte, el jefe de la
Casa Blanca incide en la debilidad de los aliados por no implicarse y
subraya que la Alianza Atlántica "es un tigre de papel" sin los
estadounidenses. Eso sí, yendo un paso más les pidió a los aliados que
"aprendan a defenderse por sí mismos".
"Estados Unidos ya no estará ahí
para ayudarles", avisó en un mensaje con consecuencias mucho más
profundas para la organización, que basa su fortaleza en la capacidad de
disuasión y en la cláusula de defensa mutua que consagra el artículo 5.
El punto álgido llegó sin embargo unos días después cuando volvió a
arremeter contra la OTAN en una entrevista en la que aseguró que está
"más que considerando" la salida de Washington del bloque en medio de la
retahíla de críticas por no secundar al Ejército norteamericano en la
guerra en Irán.
De esta forma, Trump añadía presión al mensaje
ya expresado por el secretario de Estado, Marco Rubio, de que la Casa
Blanca tendrá que "reevaluar el valor de la OTAN" después de que varios
países hayan limitado el uso que permiten hacer de sus bases a Estados
Unidos, caso de España pero también de Italia o Alemania.
En un discurso
más matizado, pero en esencia igual, el jefe de la diplomacia
estadounidense incidió en que habría que estudiar si la OTAN "sigue
cumpliendo su propósito, o si ahora se ha convertido en una calle de
sentido único", en referencia a que Washington "está en posición de
defender a Europa", "pero cuando necesitamos la ayuda de nuestros
aliados, nos niegan los derechos de base y de sobrevuelo".
Frente a estas amenazas, dirigentes europeos han tratado de mantener
la calma y no sobrereaccionar ante las posiciones extravagantes y en
ocasiones incoherentes del dirigente estadounidense.
El presidente
francés, Emmanuel Macron, pidió así "estar a la altura" de los
compromisos en la OTAN y advirtió a Trump que este tipo de
cuestionamientos por sí solos "vacían de contenido" la organización.
El mandatario galo subrayó que alianzas como la OTAN "valen por lo
que no se dice" e incidió en que el pilar maestro del bloque es "la
confianza que hay detrás".
"Cuando se firma un acuerdo, cuando se entra
en una alianza, cuando se cree que es importante defender la seguridad
de los aliados, hay que estar a la altura de los compromisos
adquiridos", reclamó.
En la misma línea, el primer ministro
polaco, Donald Tusk, avisó que las amenazas de Trump unidas a otras
decisiones como la relajación de las sanciones al petróleo ruso son el
"plan soñado" por el presidente ruso, Vladimir Putin, en última
instancia principal amenaza de seguridad para la zona euroatlántica.
De parte de Alemania, el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, ha
reconocido "preocupación" por las palabras del presidente estadounidense
sobre una posible retirada.
Sin embargo Berlín, uno de los socios más
fieles al lazo trasatlántico, cree que una salida de la Alianza "puede
evitarse todavía" y que el "compromiso y determinación" de los aliados
tienen que hacer recapacitar a Washington.
Esta crisis abierta
por Trump se convierte en una de la más críticas, porque afecta a la
propia raíz de la organización, pero es solo una de las disputas que el
magnate estadounidense mantiene con el bloque militar desde que está al
frente de la nación que lidera la OTAN.
Nunca ha sido un gran valedor de
la OTAN, según alardea, pero se pone la medalla de haber conseguido
firmar un nuevo compromiso de gasto militar para que los aliados
dediquen el 5% de su PIB al presupuesto de defensa.
Tras meses
de peleas, el dirigente llevó la tradicional presión de Washington a sus
aliados para elevar el gasto a un nuevo nivel y logró en la cumbre de
La Haya la ansiada cifra que los 32 aliados, España con matices,
acordaron cumplir en el plazo de una década.
En este contexto,
con los lazos con Europa gravemente erosionados se erige como
fundamental la figura del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, al
que en algunos países del continente critican por escorarse
sistemáticamente a las tesis de Trump pero que en la práctica tiene la
llave para rebajar sus exigencias o incluso conseguir en última
instancia que las aparque.
Ante la estrategia de confrontación y
negociación continua de Trump, el ex primer ministro neerlandés ha
logrado, llevando al máximo la técnica del apaciguamiento y dando la
razón a Washington en prácticamente todas sus exigencias, ir
desactivando algunos de los ultimatums lanzados por la Casa Blanca.
En
este sentido, y defendiendo la organización como una plataforma donde
los aliados deben resolver tensiones, Rutte logró un preacuerdo con
Trump sobre Groenlandia que en la práctica supone mantener los canales
diplomáticos abiertos con Dinamarca y las autoridades de la isla para
modernizar las relaciones y buscar formas de expandir la cooperación en
materia de seguridad sin poner en entredicho la soberanía danesa sobre
el territorio ártico.
En este contexto, y sumergido en una
nueva misión imposible, Rutte viajará la semana que viene a Washington
para reunirse con Trump en busca de aliviar las tensiones entre Estados
Unidos y sus aliados. La OTAN afirma que la reunión estaba prevista
desde hace tiempo, pero lo cierto es que no puede ser más propicia para
aparcar las amenazas y sofocar al menos por el momento la nueva crisis
abierta por Trump.