PARÍS.- La expansión territorial del Grupo de Apoyo al Islam y los
Musulmanes (JNIM), la filial de Al Qaeda en el Sahel, es una realidad
pero no una apuesta decidida de sus líderes que ven como su presencia en
nuevas zonas e incluso nuevos países conlleva algunos beneficios, pero
también entraña riesgos que podrían en última instancia poner en peligro
su pervivencia.
El grupo, creado en 2017 de la suma de varias
organizaciones yihadistas y liderado por Iyad ag Ghali, inició su
actividad en Malí y la amplió pronto a los dos países vecinos, Burkina
Faso y Níger, para posteriormente comenzar a perpetrar ataques a partir
de 2019 también en Costa de Marfil, Benín y Togo, si bien en el primero
de ellos no se han vuelto a producir acciones desde 2022.
Sin
embargo, tal y como destaca el 'think-tank' Crisis Group en un reciente
informe, la expansión territorial constituye un "dilema" para JNIM.
Aunque por una parte "le permite reclutar a combatientes y le ofrece
beneficios materiales --y por eso es alentada por la base--, sus
dirigentes temen que debilite la cohesión del movimiento".
El
"corazón" de su actividad, según explica este informe, está en los amplios territorios que controla en el norte,
centro, sur y oeste de Malí; en el norte, centro-norte, oeste y este de
Burkina Faso; y en el suroeste de Níger.
Aquí "ha desarrollado
una forma de gobierno que le permite presentarse como alternativa a los
Estados", en este caso gobernados por juntas militares que depusieron a
los gobiernos electos entre otras cosas bajo el argumento de que no
hacían lo suficiente frente a la amenaza yihadista.
La Alianza de
Estados del Sahel (AES) que han conformado estos tres países les ha
convertido en su "objetivo principal".
En estas zonas, JNIM ha
conseguido instaurar "una estructura administrativa ligera pero
suficiente para ejercer un control social inspirado en su visión de la
ley islámica, impartir justicia y recaudar impuestos".
Por contra, los países costeros del golfo de Guinea constituyen
"espacios secundarios" de su actividad, aunque siguen siendo esenciales
desde el punto de vista del aprovisionamiento logístico y el movimiento
de los combatientes.
La primera etapa en la expansión hacia
nuevos territorios la llevan a cabo células no combatientes que realizan
labores de proselitismo a través de la oración, la puesta en marcha de
redes logísticas y en ocasiones de reclutamiento. Según el análisis
efectuado por Crisis Group, "esta fase puede durar varios años sin
evolucionar".
La segunda fase se caracteriza por ataques
militares, como los que viene registrando Benín, donde en el último año
se ha producido un fuerte recrudecimiento de las acciones. Por regla
general, no está acompañada por la implantación de bases permanentes ni
de un control de la población local sino que "los yihadistas van y
vienen" y más que "imponer un modo de vida" se recomienda a la población
seguirlo.
Según Crisis Group, Togo y Benín se encontrarían
actualmente en esta segunda fase de "expansión preparatoria", si bien en
el caso del norte del segundo país "no se excluye que evolucione, a la
larga", hacia la forma de ocupación que ya existe en los tres países de
la AES.
Para gestionar todos estos territorios, el grupo cuenta
con una estructura administrativa vertebrada en una dirección central
(shura), un nivel intermedio que se estructura en torno a regiones
administrativas (matiqa) y batallones (katiba), y un nivel local que se
organiza en torno a pequeñas unidades militares (markaz y saryat),
explica Crisis Group.
Este 'think-tank' sostiene que la
expansión territorial que ha experimentado el grupo no responde
necesariamente a una prioridad e incluso "es probable que sus fundadores
no la hubieran planificado" cuando se conformó JNIM.
Ciertamente, la expansión territorial ofrece algunos "beneficios
innegables" a la filial de Al Qaeda --que además de enfrentarse a las
fuerzas armadas de estos países también compite con Estado Islámico
Sahel (ISS), la filial regional de su gran rival--: aumentar el número
de efectivos, controlar los flujos comerciales transfronterizos, abrir
nuevos frentes para rebajar la presión militar y crear zonas de
repliegue para sus combatientes.
Pero al mismo tiempo, entraña
toda una serie de riesgos: "exige la movilización de combatientes que el
movimiento necesita para defender sus bastiones sahelianos y expone al
grupo a la llegada de reclutas menos fiables o que persiguen sus propias
agendas, lo que aumenta el riesgo de tensiones, incluso deserciones",
resalta el informe.
Si algo distingue a JNIM, señala Crisis
Group, es que intenta mantener el equilibrio "entre la centralización de
las decisiones estratégicas y la autonomía operativa de las unidades
sobre el terreno".
Sin embargo, la presencia en nuevos territorios, que
suele ser defendida por los comandantes a nivel local, genera temor en
el mando central de que la dispersión de los recursos pueda llevar a una
fragmentación en lugar de la consolidación que buscan.
"Estos
intereses divergentes podrían explicar por qué la progresión de JNIM
hacia los países costeros ha sido menos rápida de lo que algunos
observadores temían a finales de los años 2010", apunta el informe.
En algunas zonas fronterizas, al grupo terrorista le interesa más
"desarrollar una presencia discreta con el fin de insertarse en la
economía transfronteriza, incluso organizarla, más que llevar a cabo
operaciones militares que atraigan demasiada atención sobre el
movimiento y represión".
Con todo, advierte de que el hecho de que no
haya ataques no significa que JNIM no esté activo.
Asimismo, le
interesa contar con zonas seguras donde sus combatientes puedan
alejarse del frente, descansar o recibir tratamiento y por tanto optan
por mantener un perfil bajo para evitar enfrentarse con las fuerzas de
seguridad.
Crisis Group apunta a que el norte de Ghana no ha registrado
aún ataques entre otras cosas porque este espacio "sirve de zona de
repliegue y descanso para los combatientes", en particular los que
operan en Burkina Faso.
Los yihadistas "no franquean la
frontera la ligera", sostiene el informe, subrayando que aunque en los
últimos años han llevado a cabo actividades militares en localidades
fronterizas con Guinea y Senegal, hasta ahora se han abstenido de
perpetrar acciones armadas del otro lado de la frontera, seguramente por
temor a que caigan sobre ellos "dos Estados dotados de aparatos de
seguridad equipados y organizados".
Además, en su competencia
con la filial de Estado Islámico, para JNIM tiene más interés su
presencia en el norte de Benín y Togo, donde ISS también ha llevado a
cabo ataques, que en el norte de Costa de Marfil o el este de Senegal,
que están mucho más alejados de la esfera de influencia de su rival.
Hasta ahora, pese a su expansión, JNIM ha conseguido evitar
escisiones importantes como las experimentadas por otras organizaciones
yihadistas, si bien "existen fricciones internas" que se deben, "en
parte, a la expansión territorial".
"Una expansión mal controlada
aumenta el riesgo de fragmentación, a través de la autonomía completa de
nuevos grupos o su posible unión a ISS", de ahí el que los dirigentes
del grupo traten de privilegiar la consolidación a la expansión, remata
el informe.