martes, 24 de febrero de 2026

Ucrania cumple cuatro años de invasión rusa sin el apoyo de EEUU y abocada a una complicada negociación

 KIEV.- Ucrania vive este martes el cuarto aniversario de la invasión a gran escala lanzada por el presidente ruso, Vladimir Putin, con un escenario poco halagüeño en el que Rusia poco a poco gana terreno en el este del país ante la falta de apoyo militar de la Administración de Donald Trump -- que ha dejado en manos de los socios europeos esta responsabilidad -- y unas negociaciones tripartitas con Moscú y Washington que abocan a Kiev a aceptar cesiones complicadas para poner fin a la guerra.

"En los últimos 12 meses solo hemos visto un empeoramiento de la situación. Hemos visto avances rusos en las líneas del frente y un aumento del 31% en las bajas y heridos entre la población civil", afirma Olena Prokopenko, analista de la German Marshall Fund. Prokopenko señala que 2025 se convirtió en el año más letal para Ucrania desde 2014, cuando Rusia ocupó la península de Crimea y comenzó la guerra en el este de Ucrania.

Coincide con este análisis Jack Watling, investigador del Real Instituto de Servicios Unidos (RUSI), think tank británico centrado en seguridad y defensa. En una publicación señala que durante el último año, los avances rusos han sido posibles gracias a la "creciente letalidad del fuego ruso y a la disminución del número de tropas ucranianas", lo que ha permitido avances de Rusia "de forma persistente" que, de ese modo, logran "socavar las posiciones defensivas de Ucrania".

En el plano militar, Kiev se ha visto obligado a realizar mejoras tecnológicas en las unidades ucranianas, pero "si Rusia continúa logrando avances constantes o incluso acelerados, el Kremlin mantendrá el esfuerzo", sostiene. "Si el progreso se ralentiza de forma significativa, la percepción de Putin sobre sus perspectivas podría cambiar a medida que aumenten los riesgos políticos internos", explica el analista del centro británico.

Ucrania se enfrenta a un escenario difícil cuando entra en el quinto año de conflicto, puesto que al deterioro en el frente se suma que la estrategia occidental hacia Moscú ha "fracasado estrepitosamente", según lamenta Prokopenko, quien insiste en que solo "la presión económica y la presión militar sobre Rusia pueden conducir a la resolución de esta guerra y a la paz".

"Hemos visto que Rusia ha negado de manera constante la posibilidad de un alto el fuego, incluso uno a corto plazo", añade, insistiendo en que el papel de Trump resulta clave para entender el empeoramiento de la perspectiva ucraniana. 

"No ha sido capaz de convencer a Rusia de que un alto el fuego es el primer paso hacia una paz duradera", indica la analista sobre el líder norteamericano, apuntando que Washington insiste en unas conversaciones en las que el Kremlin no está interesado.

"Rusia no solo no está interesada en conversaciones serias y reales, sino que ni siquiera está verdaderamente en la mesa de negociación. Las rondas que hemos visto fueron puramente técnicas y son más relevantes para una etapa posterior, cuando se tome una decisión política; pero no hay ninguna decisión política", reflexiona Prokopenko sobre unos contactos que, de hecho, han dado un margen de varios meses a Rusia para seguir con sus planes militares de "conquistar Ucrania en su conjunto".

En este sentido, la analista de la German Marshal Fund subraya que el papel de Estados Unidos en este último año "ha sido muy negativo" para los intereses de Kiev, tanto en lo que respecta al cese de la ayuda en el campo de batalla como en el ámbito político.

 "Ahora Putin se siente mucho más animado a no cooperar en las negociaciones", avisa, insistiendo en que el líder ruso "no ve ninguna consecuencia política y, hasta hace poco, tampoco veía ninguna consecuencia económica" por mantener su 'hoja de ruta'.

Watling por su lado reitera que Moscú mantiene una "postura maximalista" respecto a sus ambiciones en el país vecino. 

"Creen que pueden sostener la guerra hasta 2027 y perciben el proceso de negociaciones en curso como un vehículo para introducir una cuña en la alianza transatlántica", avisa.

De esta forma, considera que mientras la atención internacional se centra en las negociaciones "impuestas a las partes" por Estados Unidos, la propia retórica de Washington contra Europa y sus pasos para retirarse de los compromisos de seguridad con los aliados hace que las opciones para Ucrania sean difíciles en cualquier escenario de negociación.

Trump pone el foco en que Kiev acepte ceder territorios en la región del Donbás a cambio de un apoyo militar posbélico, al tiempo que pone en cuestión la confianza en Washington como actor comprometido con la seguridad europea.

 "El resultado es que cualquier colapso de un alto el fuego durante su implementación dejaría a Ucrania en una posición militar mucho más debilitada. En resumen, la oferta de Estados Unidos es mala", apunta.

La posición rusa, por su parte es que, mientras vea margen para ganar en el terreno de batalla lo que está en juego en la mesa de diálogo, "mantendrá las negociaciones en marcha, pero en esencia prolongará el proceso sin avances reales", avisa Watling.

Para Prokopenko aceptar esas concesiones y renunciar al Donbás "daría a Rusia un trampolín para conquistar más territorio ucraniano". 

"Para Ucrania no tiene ningún sentido, ni militar ni políticamente, aceptar esas concesiones si no vemos seriedad por parte de Estados Unidos", razona.

Esta situación deja a Europa en un fuera de juego. Pese a mantenerse como único apoyo firme de Ucrania en el plano militar y mayor respaldo financiero de Kiev, se ve sistemáticamente relegada a un segundo plano en las conversaciones mantenidas entre ucranianos, rusos y estadounidenses para poner fin al conflicto.

"Europa se está rearmando, pero ello lleva tiempo, por lo que muchos Estados europeos consideran que un alto el fuego repentino en términos desfavorables expondría al continente a graves riesgos", advierte el analista de RUSI, quien sostiene que Estados Unidos y Europa tienen intereses diametralmente opuestos en el contexto ucraniano.

Washington busca un alto el fuego rápido y restablecer la cooperación económica con Rusia, mientras que Europa está en proceso de reforzar su defensa y mantiene una panoplia de sanciones contra el Kremlin, con quien ha cortado todas las relaciones económicas.

A su juicio la clave está en la capacidad de Rusia de mantener la maquinaria de guerra, al tiempo que Kiev pueda infligir daños en ataques de largo alcance.

 "La economía rusa puede sostener la guerra, pero a medida que se reducen las reservas y crece la deuda, también se vuelve más vulnerable a las perturbaciones. La cuestión es si Europa está dispuesta a ejercer esa presión", explica.

En la misma línea, Prokopenko considera que la economía es el asunto clave que puede hacer descarrilar los planes de Rusia, al tiempo que Europa puede dar pasos como aportar armamento de largo alcance a Kiev. 

En este sentido, pide avanzar en la canalización de las sanciones hacia la defensa y la resiliencia económica de Ucrania, para mandar un "mensaje político fuerte" por parte de Europa de que tiene cartas que jugar.

 "Europa paga todo lo relacionado con la defensa de Ucrania en este momento y concedió a Ucrania un préstamo de 90.000 millones de euros en diciembre, por lo que Europa ya está pagando la factura y Estados Unidos tiene que hacer más por su parte", indica.

En todo caso menciona que Europa puede reforzar su imagen de independencia en el apoyo a Kiev usando los activos congelados, una de las medidas que la Casa Blanca no respalda pero que los líderes europeos tienen en su manos.

 "Una vez más, Europa cuenta con un sólido conjunto de herramientas que debería utilizar", recalca.

Ucrania desaparece de la agenda humanitaria mientras la crisis se agrava

Ucrania cumple este martes el cuarto aniversario del inicio de la guerra a gran escala lanzada por el presidente ruso, Vladimir Putin, en un momento en el que la crisis ha perdido relevancia en la agenda humanitaria internacional, mientras la situación en el terreno se agrava para una población cada vez más dependiente de apoyo, especialmente en el plano energético, ante un nuevo invierno de ataques masivos rusos contra las infraestructuras ucranianas. 

Distintas organizaciones humanitarias han denunciado que la crisis sigue en Ucrania, mientras se vive una caída de la financiación para atender las necesidades del pueblo ucraniano, un descenso que la organización ActionAid cifra en un 61% desde 2022 pese a que una de cada tres personas en Ucrania depende de la asistencia humanitaria en medio del invierno más duro desde que Putin lanzó la invasión a gran escala del país vecino.

Si en 2022 los fondos humanitarios para Ucrania alcanzaron los 3.770 millones de dólares, en 2025 esta cifra ha caído más de la mitad, hasta los 1.470 millones. En lo que va de año la comunidad internacional ha movilizado apenas 309 millones, muy por debajo de los fondos necesarios para atender la crisis.

En este contexto, las organizaciones en el terreno se ven obligadas a tener que priorizar entre distintos grupos sociales, para atender a aquellos cuya situación sea más grave. 

"Sin un compromiso financiero y político urgente, la brecha entre las necesidades y los recursos disponibles seguirá ampliándose, dejando a las organizaciones locales con una carga insostenible" ha declarado Jara Henar, responsable regional de la respuesta en Ucrania de ActionAid.

La situación de los desplazados internos por el conflicto también se agrava con una presión cada vez mayor para sobrevivir y una ayuda cada vez más reducida, según advierte el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC). 

El organismo señala que las personas desplazadas ven como sus ahorros han desaparecido después de cuatro años de guerra y que siguen sin tener un hogar seguro al que regresar.

La directora del NRC en Ucrania, Marit Glad, ha insistido en la necesidad de apoyo humanitario urgente y de liderazgo por parte del Gobierno ucraniano para ayudar a la difícil situación de los desplazados.

 "Después de cuatro años de guerra, las personas desplazadas enfrentan una carga increíble. Muchas personas han agotado todos sus ahorros y no tienen un hogar al que regresar debido a la destrucción y el peligro continuos", ha sostenido, lamentando la falta de apoyo para los 3,7 millones de desplazados internos.

La organización noruega constata que el duro invierno, considerado el peor desde el inicio de la guerra a gran escala, ha agravado la ya crítica situación de las personas desplazadas, que viven de forma precaria cuando en las calles ucranianas el termómetro cae hasta los 20 grados bajo cero durante la noche, intensificando las necesidades, con apagones, escasez de combustible y la destrucción de infraestructuras energéticas que limitan el acceso a calefacción, electricidad y agua para millones de personas desplazadas.

"El Gobierno ucraniano debe seguir liderando los esfuerzos colectivos para garantizar que las personas desplazadas internas tengan acceso a hogares seguros y cálidos, de modo que no tengan que agotar sus ahorros restantes ni recurrir a mecanismos de supervivencia peligrosos", ha afirmado Glad. 

"El liderazgo en la búsqueda de soluciones a largo plazo para el desplazamiento es esencial para evitar que la crisis se agrave y requiere un plan claro y los recursos necesarios para implementarlo. Los donantes internacionales deberían apoyar estos esfuerzos", ha añadido.

En cuanto a la respuesta médica a la guerra, Médicos del Mundo ha denunciado que los ataques constantes, los desplazamientos forzados y destrucción de infraestructuras han dejado una "huella profunda en la salud de la población ucraniana y en su sistema sanitario" cuando se cumplen cuatro años de guerra.

El invierno, marcado por ataques continuados contra la infraestructura energética, compromete seriamente la atención sanitaria, según ha avisado la organización. 

"Sin electricidad, muchos centros no pueden garantizar calefacción, iluminación, cadena de frío para vacunas y medicamentos, pruebas diagnósticas o acceso a historiales médicos electrónicos", ha señalado.

En ese sentido, ha subrayado que el sistema sanitario ucraniano no ha colapsado por el compromiso del personal sanitario que trabaja a escasos kilómetros del frente de guerra. 

"El acceso efectivo a la atención se deteriora de forma acelerada. Sobre el papel, las estructuras formales siguen existiendo, sin embargo, cada vez más personas no logran llegar a los servicios que necesitan, especialmente a atención especializada y hospitalaria", ha indicado un informe de Médicos del Mundo.

Médicos Sin Fronteras (MSF) ha avisado de que más una instalación sanitaria al día ha sido dañada o destruida en Ucrania por los bombardeos desde el inicio de la invasión a gran escala de Rusia, esto es más de 2.000 centros atacados, lo que se suma a la situación de los civiles que se encuentran sin luz o calefacción.

"Casas sin luz, calefacción ni agua cuando el termómetro marca 20 grados bajo cero hacen que la vida sea simplemente imposible. Basta imaginar lo que significa regresar a casa tras una cirugía y encontrar el interior a varios grados bajo cero", ha afirmado el coordinador general de MSF en el este de Ucrania, Enrico Vallaperta.

MSF ha asegurado que "ningún lugar es seguro" en Ucrania y que en 2025 las ambulancias de la organización realizaron 10.722 traslados de pacientes, el 60% por heridas relacionadas con el conflicto. 

Desde el inicio de la guerra, las clínicas móviles de la organización llevaron a cabo más de 370.000 consultas en zonas con acceso limitado o inexistente a la atención sanitaria, mientras que en 2025, el número de pacientes atendidos en estas clínicas se duplicó con respecto al año anterior, llegando a los 9.500 atendidos.

La situación de los profesionales en primera línea preocupa a Acción contra el Hambre, otra de las organizaciones presentes en el terreno, que ha alertado de la precaria situación que atraviesan los profesionales sanitarios en un contexto de ataques recurrentes a infraestructuras críticas y una respuesta humanitaria financiada solo al 13,5%.

Los sanitarios, pero también docentes y trabajadores sociales, "están al límite, expuestos a violencia constante y a un desgaste emocional creciente", ha destacado Acción contra el Hambre.

 "La angustia no perdona a los profesionales de primera línea que trabajan en condiciones extremas, a veces sin luz ni calefacción. Ya sean del sector médico, docente o social, estos trabajadores comunitarios soportan el peso del trauma colectivo mientras siguen expuestos a ataques recurrentes", ha explicado Benjamin Martin, director de Acción contra el Hambre en Ucrania.

Las previsiones de la organización es que este presente año y cuando Ucrania entra en el quinto año de guerra, hasta 504.000 nuevas personas sean evacuadas y se conviertan en desplazadas en las regiones cercanas al frente.

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